0

Instalados y en marcha!!

Después de casi un mes de locura desde que supimos que nos mudábamos a Lausanne, ha sido un mes de caos que ha pasado a la velocidad del rayo y del que a penas he sido consciente. Sólo me sale contarlo al más puro estilo propio de una película de Charles Chaplin.


No sólo por el interminable papeleo que implica un traslado a otro país, también porque a ello hay que sumar una buena cantidad de eventualidades propias del acontecimiento, tales comodes pedidas y llantinas exprés, embalaje y desembalaje de casa, veloces y continuas visitas a Ikea, limpieza, organización, bebé para arriba y bebé para abajo… y “voiiiilà”!!! sin comerlo ni beberlo de Semana Santa a hoy, nuestra vida ha dado un giro de 360 grados.


Es por ello, por la urgencia de los trámites, por lo que me vi obligada a hacer un paréntesis para que El Mundo Con Canicas se estabilizara, aterrizara y pudiera dar lo mejor de él dentro de su nueva aventura aquí donde hemos venido a parar, a un lugar idílico donde los haya, en el corazón de los Alpes y a orillas del lago Lemán , donde las vistas desde cualquier alto te dejan sin habla,  y es que, estas montañas imponen, y mucho







Estamos MUY emocionados con esta nueva aventura, sólo llevamos aquí quince días y veo lo diferente que es todo a nuestra cultura, por un lado lo increíblemente bien que funciona la administración suiza, fruto de su amor por el orden y su alto sentido del civismo,  y, por otro costumbres  que nos llegan a complicar bastante algunos aspectos cotidianos… Mi única queja de momento, aunque no poco importante, se debe al escasísimo acceso a cualquier guardería o servicio alternativo de cuidado de bebés conocido aquí como “Maman du jour”  (Mamá de día, designada por la Administración que cuida de algunos niños en su domicilio particular). Esta queja no se debe al precio poco económico, que como podéis imaginar no lo es,  se debe a que hay limitadísimas plazas para los bebés y si la mamá en cuestión no trabaja las posibilidades se reducen aún más,  y en mi caso particular se complica no sólo por mi absoluta necesidad de aprender francés para poder manejarme, sino, porque Casilda está acostumbradísima a rodearse de un montonazo de primos y el hecho de dejar de estar con niños de forma radical no me gusta. Esta es la primera cuesta arriba (y seguro que no es la última) que nos hemos encontrado, pero el resto de cosas vienen dadas de la mano y cuando te dicen que te entregan un papel tal día, es de verdad, y si te dicen que tu permiso de residencia puede tardar, resulta que tarda 15 días, y si el electricista viene a una hora exacta, pues te llama para pedirte permiso para llegar un poquito antes, y estas y, otras maravillas como el queso o el chocolate, o sus inmejorables vistas del lago y las montañas desde cualquier rincón o su suave clima primaveral a estas alturas del año son las que encontramos positivas en contraposición a mi queja.


Pero todo forma parte del reto familiar que nos hemos fijado, y como grandes luchadores que somos lo daremos todo en cada momento.


De momento, y antes de comenzar este nuevo capítulo en Lausanne de El Mundo Con Canicas, donde iré actualizando todas las anécdotas propias de la vida aquí, quiero dar marcha atrás en el tiempo y situarme allá donde me quedé cuando empezó toda esta vorágine, comenzando por la segunda parte del viaje de Semana Santa que concluimos en Biarritz.


Qué gusto da estar ya asentada, con internet funcionando en casa y retomando las viejas y gustosas costumbres! 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *