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Otoño de miedo

El otoño ha entrado en casa cual huracán y es que, sin quererlo ni beberlo, se me han presentado un montón de proyectos y oportunidades que no he podido rechazar. Y entre viajes y la llegada de mucho trabajo, me he visto obligada a hacer una reorganización de mi tiempo para así poder compaginarlo todo, de ahí este caos que se me ha ido de las manos y que ha sufrido de lleno el pobre blog, que, desde ahora va a requerir, con extrema urgencia, de una mayor disciplina.

Dicho esto, no podía dejar de hablar de este mes que acaba de empezar. Octubre para mí es el mes de la luz, de los colores, de la calidez del verano que se va apagando lentamente y de las suaves caricias de frío y lluvia que nos empiezan a anunciar la llegada del invierno.

Desde luego el cambio ha sido espectacular y hace escasos 15 días hice estas calurosas fotografías:





Mientras que este fin de semana, el mismo paisaje y en el mismo lugar ya se tornaba de estos otros colores:

Como ya he dicho en otras ocasiones,  me costó reconocer este enamoramiento otoñal, pasé de un fervor absoluto por la primavera a un amor incondicional por el otoño, sin saber por qué, simplemente, sucedió. Quizás fue por la luz,


por los propósitos nuevos que nos llenan de ilusión, o por esas nuevas costumbres que adquirimos de los anglosajones como es la celebración de Halloween,


Adoro las películas de miedo, su sensación de intriga, los nervios, el pánico, los sustos y sobresaltos…¡pura adrenalina! Es por ello que la oda a Halloween no podía faltar en mi casa, me declaro friki absoluta. Y cuando llega octubre ya empiezo a ponerme nerviosita.

El caso es que pasear por Lausanne y sus bosques impregnados de notas otoñales resulta de lo más fantasmagórico y lo estoy disfrutando como si fuera una niña.



Tengo muchas ganas de que Casilda empiece a ser un poco más mayor y pueda compartir con ella todas estas aventuras entre calabazas


brujas,


 fantasmas


 y chuches


pero siempre, claro está,  sin perder la esencia de cuento para que lo viva de un modo  divertido y sin pasar exceso de miedo, sólo el justito para no tener pesadillas.

Tendremos que ir entrenando para ello y para que, cuando llegue el momento, el mes de octubre comience como una verdadera fiesta, parecido a como lo sienten los anglosajones, (podéis echar un vistazo a la web de Martha Stewart que no deja duda de esa emoción por Halloween) y quién sabe, quizás algún otoño podríamos visitar Salem y vivirlo en vivo y en directo…

¿Qué os parece la idea? ¿Os animáis a participar en un octubre de miedo?